LA NUTRICIÓN, ALGO MÁS QUE MATEMÁTICAS.

Han pasado ya varios años, pero aún recuerdo el día que hice la preinscripción para estudiar nutrición. Elegí varias facultades y aunque había opciones más cercanas a casa, la primera que me admitió fue la Universidad de Zaragoza, no me lo pensé, mi padre se cogió unos días de vacaciones y nos fuimos a ver pisos. A los 15 días volvimos para que yo me quedase allí, en Huesca, tocaba irse a la Facultad de Ciencias de la Salud y del Deporte. Allí pasé cuatro años en una tierra que me cautivó y donde además de recibir una formación que con el paso del tiempo me doy cuenta de que fue bastante buena, conocí gente maravillosa e hice compañeros que hoy son amigos.

Pero bueno todo esto no viene al caso, yo quería explicaros hoy que, si atendemos a la termodinámica, esas leyes base de la física y que se pueden aplicar a otras muchas ciencias, nuestro sistema para la pérdida y ganancia de peso debería de basarse en gastar más de lo que ingerimos y viceversa. Y en realidad esto es así, para la pérdida de peso tenemos que inducir un déficit calórico y crear un superávit para la ganancia, parece que todo se reduce a números. 

No paramos de leer, oír o escuchar la famosa “dieta equilibra”. ¿Qué es una dieta equilibrada? Si nos basamos en los criterios de formación que recibimos los profesionales de la nutrición, tanto en los institutos para el FP de Técnico Superior en Dietética, como en las facultades para el Grado en Nutrición, una dieta equilibrada sería aquella que distribuye los macronutrientes (hidratos de carbono, grasas y proteínas) en 50% de hidratos, 30% grasas y 15% proteína. Esa ha de ser la composición correcta de una dieta. Por otro lado, tenemos los famosos micronutrientes que ahora están muy de moda, todas las vitaminas y minerales. Si os fijáis, en la etiqueta de cualquier alimento procesado, donde viene la tabla de información nutricional veréis que pone que tiene X vitamina y eso supone x% de la IDR o DRI (ingesta diaria recomendada). La IDR no son más que los valores recomendados de ingesta diaria para cada mineral o cada vitamina expresados en gramos, microgramos o nanogramos.  En resumen, cuando alguien sale de recibir una formación de estas y uno se pone en sus manos para que le “haga una dieta” el primero se vuelve loco en cálculos para que todo cuadre y salga la famosa “dieta equilibrada”.

Lo primero que os voy a decir, es que hay casos en los que no queda más remedio que llegar a hacer una dieta controlando los famosos macros, bien porque el resultado que se busca es muy exigente o porque es la única manera de asegurar que las cosas se van a hacer bien. En el caso de los micros ya es más raro tener que llegar a controlarlos, por ejemplo, en pacientes con enfermedad renal crónica no queda otra solución para intentar minimizar el daño a los riñones. Pero esto no es el día a día de la gente que acude a una consulta de nutrición.

Prácticamente antes de terminar la formación en la universidad, cuando empiezas a tratar con gente real y no con casos imaginarios te das cuenta de que reducir todo a números no sirve de nada. Nos centramos en la nutrición, pero perdemos el foco de la ALIMENTACIÓN. Por nuestra cultura, la alimentación no se reduce solo a pesar 150 g de lechuga con 120 de pollo y 20 g de aceite. Eso es algo insostenible y que a largo plazo es imposible sostener. De ahí que cada día más compañeros trabajemos intentando hacer una modificación de hábitos y en una educación nutricional. Yo siempre digo a los pacientes que a la consulta no se va a pesarse, para eso ya se tienen básculas en casa. A la consulta se va a APRENDER.

¿Por qué? Porque en un proceso de estos hay que tener en cuenta muchos más factores, estamos tratando con personas no con máquinas.

 

Puesto que las personas no somos máquinas, tenemos varios factores que influyen en nuestra forma de alimentarnos, a veces no somos conscientes y pensamos en por qué no podemos comer sano (supuestamente la teoría nos la sabemos) aunque nosotros realmente queramos. Esto suele llevar a la gente a frustrarse consigo misma y a volver a tener unos hábitos perores. A continuación, os voy a mencionar varios factores y como estos pueden influir en nuestra composición corporal.

  • Estrés: en una sociedad donde hasta ahora (veremos cómo cambia tras el COVID-19) la presión por cumplir los ideales hace que llevemos un ritmo frenético, es un factor que no podemos obviar. Hay dos cosas que están claras, el estrés crónico nos lleva a comer peor y a comer más cantidad. La importancia de la terapia cognitivo-conductual llevada a cabo por los psicólogos hacen que los casos de tratamiento de la obesidad abordados en conjunto tanto por entrenadores, nutricionistas y psicólogos tengan muy buenos resultados.
  • Sueño. Esto es el día a día de una persona que trabaje a turnos. Hay quien lo lleva mejor y quien lo lleva peor, pero la desregulación hormonal que se produce con la alteración del ritmo circadiano influye en las elecciones que hacemos de alimentos y en la percepción de saciedad que tenemos. Es decir, solemos comer más cantidad de comida para llenarnos y además elegimos con facilidad o nos cuesta frenarnos ante la comida basura.
  • Entorno (vida social, productos normalizados). Poneros en el caso de que tenéis dos pandillas de amigos, unos son deportistas, cuidan su alimentación, utilizan el fin de semana para hacer deporte y la otra pandilla utilizan el fin de semana para hacer ocio en los bares y el deporte queda en un plano secundario. Es sólo uno de los muchos ejemplos que os podría poner para explicar que el entorno influye y mucho. Desde los hábitos familiares, el entorno en el trabajo, el entorno en la vida social. Somos animales sociables y dependiendo de nuestro entorno nosotros vamos a hacer unas cosas u otras y estas van a influir en cómo nos alimentamos.
  • Poder adquisitivo. En el mundo de la salud se dice que se puede predecir la salud de una persona sabiendo su código postal. Al contrario de lo que se piensa, no por tener un poder adquisitivo alto se va a tener mejor salud. A ambos extremos del abanico le afectan un tipo de enfermedades diferentes. Está claro que tener un poder adquisitivo alto te da la opción a tener mucha más disponibilidad de alimentos y además a todo tipo de ellos, desde los más saludables a los más insanos. Pero también hay que pensar que la comida ultraprocesada suele ser bastante barata con lo cual con un bajo nivel adquisitivo se puede acceder a estos alimentos, mientras que carne y pescado pueden considerarse en muchos casos artículos de lujo para muchas personas.
  • Composición de la dieta: hay calorías y calorías. Aunque en la pérdida de peso se debe inducir un déficit de calorías podemos para consumir 100 kcal de espinacas necesitamos 500 g y para consumir 100 kcal en frutos secos con 10 gramos tendríamos suficiente. Actualmente el sistema de “El Plato” de la Universidad de Harvard es el modelo más sencillo para poder llevar una alimentación saludable de todos los grupos de alimentos y con el que es muy fácil no pasarse en consumo de kcal ya que la base son las frutas y verduras que son alimentos con muy poca densidad nutricional.

 

En conclusión, los tratamientos nutricionales para población general tienen que alejarse de las dietas de cajón con un cuadrante perfecto de macro y micronutrientes, pero insípidas y difíciles de seguir. Centrarse en cambiar hábitos considerando que para abordar estos problemas debemos considerar factores más allá de la comida e intentar que cada vez que vengáis a la consulta con la idea de poder aprender algo, más allá de subir en la báscula y decir <<qué me vas a poner de comer estos próximos días>>. Ya somos mayorinos para que yo te ponga comida que a comer contigo a casa no puedo ir. Y recordad son muchos factores, la nutrición son algo más que matemáticas.

 

Pablo Egüen, Dietista – Nutricionista

www.asturpro.es

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